El almuerzo: hay que comenzar con fuerza


Las clases ya empezaron, pero se puede decir que el año recién comienza luego de la pausa vivida por la clásica Semana Santa o de Turismo.

El inicio de clases marca un cambio importante en el menú familiar, signado además por los diferentes horarios que deben cumplir los chicos, según sus edades y las instituciones a las que acuden.

Para no sucumbir en el caos, la familia debe volver a la rutina y al orden.

Es importante la planificación de actividades, y entre ellas, la fundamental es el plan del menú.

El primer punto difícil de lograr es el de encontrarnos todos juntos alrededor de la mesa familiar a la hora del almuerzo. Si no se logra, planeemos el encuentro para la cena o -por qué no- un té cena completo, ya que los chicos deben acostarse temprano para poder madrugar.

Unifiquemos los gustos para contemplar de forma unánime los sabores: preparar platos comunes a todos es difícil, pero no imposible.

Incluyamos poco a poco comidas diferentes, muchas veces camufladas, en especial cuando de vegetales se trata.

Somos nosotros los adultos los que debemos enseñar a comer de todo y lograr que los chicos prueben. Alimentarse de forma variada es fundamental, principalmente porque así se logra la base para un cuerpo y una mente sana en el futuro. Si deben llevar el almuerzo, incluyan alimentos completos, con las vitaminas y los minerales indispensables para la salud. Recuerden que dentro de dos rodajas de pan podemos colocar un almuerzo casi completo, y que dos frutas o una ensalada de frutas son un postre sano y nutritivo.

Pero como no sólo de pan vive el hombre, incluyan tartas de verduras, ensaladas con pollo, jamón o cubitos de carne, empanadas de pollo, carne o verduras, croquetas o tortillitas preparadas al horno. En caso de poder utilizar microondas, llevemos ravioles con salsa liviana de tomate o crema, crepés rellenos de jamón y queso, omelettes de verdura, carne o pollo al homo. Incluir ensaladas seria "lo más".

El espectro de posibilidades es amplio, no nos encasillemos: la monotonía aburre y la falta de incentivo nos llega a la hora de abrir el tupper.

La vianda no es sólo para los chicos, los grandes también la llevamos al trabajo. Efectuemos una elección sana y completa; nuestro cuerpo la reclama. Tracemos un plan semanal, pues la organización nos facilitará buenos resultados.


 

Posted In